Jorge Luis Borges:

"De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria."

Billy Wilder:

"La televisión no ha podido acabar con el cine porque la gente quiere estar allí, quieren ser los primeros, quieren oír las risas de otras personas."

Théophile Gautier:

"Una de las glorias de la civilización sería el haber mejorado la suerte de los animales."

John Lennon:

"Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora."

Woody Allen:

"El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores."

Menandro de Atenas:

"No es vergonzoso nacer pobre, lo es el llegar a serlo por acciones torpes."

Adolf Hitler:

"Sólo se combate por lo que se ama; solo se ama lo que se estima, y para estimar es necesario al menos conocer."

Gustavo Adolfo Bécquer:

"El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada."

Marilyn Monroe:

"Era consciente de que pertenecía al público, pero no por mi físico o por mi belleza, sino porque nunca antes había pertenecido a nadie."

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12 enero, 2013

Una danzarina.

Caían cientos de copos de nieve sobre los peldaños de Roble amazónico que tenían de suelo. Una centelleante luz iluminaba cada rincón del escenario sin escaparse algún lugar donde perdurara la oscuridad. La atmósfera quedaba atrapada en un frío aire que llegaba a mis huesos y lograba poner mi piel erizada, pero, después de unos años ya estaba acostumbrada.

Mi vida podía haberse comparado con una paleta de pintor. Ocurrían días especiales en donde tomaba la paleta y me inspiraba a dibujar un paisaje colorido con cientos de óleos diferentes, pero sucedía que mi felicidad caducaba en la mayoría de las jornadas. Mi almanaque se tornaba negro y usaba el blanco para tratar de aclararlo, aunque no daba resultado. Todo pasaba a ser escalas grises, en donde los colores oponían resistencia, se daban tonos desviados.

Tomando un baño y jugando con la espuma me di cuenta de que mi lado bohemio desaparecía cuando me transformaba en una bailarina de ballet. Esa sutil danza fluía a través de mí, haciéndome distorsionar la realidad con cada paso que daba. Así fue como crecí durante más de veinte años.


Enciendo mi radio con la canción de una composición musical de mi presentación pasada. Me levanto del tocador y voy hacia el frente del escenario. Me paro de puntillas y al escuchar la reanudación de la canción comienzo a bailar con pasos sofisticados y luego un repertorio del estilo cortesano. Doy un brinco y caigo con elegancia siendo refinada en mis movimientos. Bajo y subo mis brazos con ligereza mientras me apoyo sobre el suelo.
Frunzo mi ceño y tuerzo la mirada, necesito carácter.
Me levanto de golpe y alzo la barbilla mientras remarco el ajetreo de mis puntillas con rapidez. Subo mis brazos y ruedo mis muñecas en círculos. Desarrollo mi elasticidad muscular extrema y toco el piso estando sostenida en un pie. Volteo mi torso para estirar mi espalda, arqueo mis brazos formando una U con ellos, cierro los ojos, extiendo mi pierna hacia el frente para agarrar impulso y comienzo a girar... y a girar... y a girar...

Mis pies no se cansan y mis brazos siguen en la misma posición en los que estaban.
El aire se vuelve más frío, me acariciaba los poros de la piel como un soplo de invierno.
Siento que acompaña mis pasos, haciendo del viento pequeños silbidos.

Abro mis ojos y veo todo de color negro, veo la oscuridad, la tenebrosidad. Mis pies no reaccionan y mis brazos tampoco. Mi respiración se vuelve agitada y mi cara de porcelana pálida se comienza a sonrojar por los nervios. Muerdo mis carnosos labios, volviéndolos rojos. Al parecer, mis expresiones faciales son las únicas que puedo controlar. ¿Qué me habrá pasado? ¿Dónde estoy?

De pronto, escucho una voz infantil de una niña de unos seis o siete años.
—¡Gracias mami! —gritaba con alteración. El sitio en donde estoy se mueve, siento la gravedad controlar mi cuerpo pero sigo rígida. Veo claridad por un extremo y luego detallo por completo el rostro de la pequeña niña al frente de mi. Me observa con una sonrisa asombrada—. ¡Es hermosa!
—Se parece a ti cielo, y mira... —explica su madre, dejando en suspensión el resto de sus palabras. Ella me toma y gira una pequeña palanca plateada, al terminar el último "tac", comienzo a girar. Mis piernas solo reaccionan al movimiento circular del paso de ballet.—. También gira. —añade.

Y así fue como una bailarina de ballet se quedó atrapada dentro de una pequeña bola de cristal. Bailando sin parar las veces que le provocaba a la niña.

29 diciembre, 2012

Trance de un homicida.

Miró a sus pies y vio que un charco de sangre crecía poco a poco bajo él. Se llevó la mano a la cara, se tocó la mejilla y notó una extraña textura; al llevarla frente a sus ojos vio un espectáculo extremadamente macabro. En la noche oscura de París, frente a la Torre Eiffel, resaltaba la sonrisa de su cara al ver la sangre corriendo por su mano y extendiéndose por su brazo.

Aquel hombre había cumplido un sueño, llevar su mente al límite y sentir en sus venas la excitación de comprobar la perversidad del hombre. Había hundido la hoja del cuchillo en las vísceras del primer hombre que encontró en la calle, lo había retorcido y al sentir la sangre en su mano y llevarla hasta su boca había sonreído de una forma escalofriante. Seguidamente alzó su otra mano con la que sujetaba un cuchillo y, bajo la luna, resplandeció el filo lleno de sangre. París quedó iluminada por un instante, pero no se lograba distinguir si era por la luna llena o por la malévola sonrisa de aquel hombre.

La gente dormía placenteramente en su casas, sin saber que la humanidad había liberado a un monstruo. Nadie se imaginaba que una persona pudiera disfrutar tanto al sentir la sangre caliente correr por sus manos y al escuchar agonizar a un pobre inocente. Cada noche, hasta que las campanas celebraron su muerte, se podían escuchar desgarradores gritos suplicando clemencia. Por la mañana, un reguero de sangre desvelaba quien había sido la víctima de otro atroz crimen. Mientras tanto, un hombre, si es que se le puede llamar así, limpiaba meticulosamente su cuchillo a la vez que tramaba su próximo asesinato.

Con solo imaginarlo empezaba a sudar, se excitaba y una estruendosa y terrorífica risa resonaba en la habitación. Aquel hombre no murió por causas naturales, murió por gusto propio. Una noche nació en él la firme idea de experimentar nuevas sensaciones, así que sin pensárselo dos veces, cogió su cuchillo y lo hundió en su vientre. La sangre brotaba con frenesí y, por extraño que parezca, aquel hombre no sintió dolor sino un profundo placer al experimentar el mayor de los acontecimientos de la vida de un hombre: la muerte. Aquella noche su sonrisa no iluminó París, iluminó el mundo entero.

Si alguien le hubiera mirado a los ojos, y hubiera sobrevivido,
hubiese jurado que aquel hombre no tenía alma y era el mismísimo diablo.

13 diciembre, 2012

Epístola de trance.

En la mañana emergió la lluvia. La niebla que desprendía la ciudad, mantenía las últimas brumas del sueño pasado. Por un estrecho callejón, un hombre bordeaba las sucias aceras con paso paulatino; ocultándose en el viento frío, tratando de esquivar las miradas frenéticas de los peatones, los insultos a media voz y los empujones amenazantes. Le hubiera gustado mirar el cielo y entregarse al ritmo que llevaba la brisa, pero le era imposible puesto que algo le mantenía intranquilo: había soñado.

Durante largas noches se había conducido por los pantanos de su mente silenciosa, buscando al fin un sueño, anhelando despertarse sin ese sabor extraño y amargo de un intelecto en constante desvelo. Acaso sería demasiado caprichoso recordarse que en ocasiones se embriagaba con desesperación, deteniéndose con sensual deleite en cada gota de licor, golpeando su cabeza contra las paredes del camino a su casa buscando en la brusquedad del impacto algún sueño errante. Pero esta no era la ocasión. El hombre que hasta ese entonces deseaba soñar y que en ese anhelo fundaba toda esperanza, ahora se mostraba agitado, angustiado, extrañamente condenado. Había un sobre blanco.

Recordó de repente palabras de un sueño antiguo proferidas en un lenguaje extraño. Las murmuró; las repitió una y otra vez:
—Mi cerebro es el opio de los infelices, soy el verdugo y la víctima de esta extraña guerra de los dioses.
No siguió porque se sentía patético y era irrelevante reiterarlas. Fue inútil tratar de recordar otros datos del sueño. El sobre blanco se extendía hasta el infinito, pero al final del túnel no recordaba qué contenía aquel papel. Se maldijo.
—¿Por qué dentro de las infinitas posibilidades del cosmos, vivo en un universo en el que sueño con un sobre blanco? —pensó mientras sonreía de manera absurda, extrañamente incomprensible. Hubiera preferido tener un sueño profético. A parte, muchas noches sofocaron su mente buscando en vano algún tipo de oráculo que promulgara su perogrullada.

Al pasar por una pequeña plaza, y con el malhumor pesándole en los hombros, divisó una delgada silueta de mujer. Un pequeño escalofrío recorrió su cuerpo casi inerte y fue hacia aquella mujer silenciosa sintiéndose extrañamente dichoso. Le pareció que cumplía una misión eterna y vital. Casi por azar sus ojos bajaron, casi por azar encontró su sobre blanco, lo tenía en sus manos a punto de caer contra el asfalto. Asustado corrió pero algo le hizo detenerse, ella se perdía entre la gente sin que él, pudiera esquivar esa masa trágica y cruel. Las hojas de un sauce vecino repetían el sobre blanco. Siguió caminando y casi como en un espejismo vio a la mujer atravesando una pequeña calle, dejando caer lentamente aquel sobre. Él para su sorpresa elevó su velocidad y con furia recogió el sobre, levantó la mirada y ya no veía a la mujer.

En el crepúsculo de su vida, vio unas palabras escritas en el sobre. Las palabras sonaban en su cabeza como música prohibida. En vano las repetiría una y otra vez. Iba a seguir cruzando la calle cuando algo le atravesó el tronco y comprendió porqué había soñado. Su destino no le deparó la gloria ni la humillación, pero si lo absurdo. Cayó... un hilo de sangre y unas luces centelleantes fueron el último testigo, mientras otros hombres y mujeres que si verían el mundo de la siguiente mañana se arremolinaban junto a él.

26 noviembre, 2012

Trágico dolor.

Desperté por un frío que recorrió mi cuerpo comenzando por mis piernas; un repentino latigazo de mi corazón impulsando mis latidos a descontrolarse; el rápido buche de aire que tomo para respirar. No observo nada, todo es oscuro, negro, vacío. Solo hay una luz tenue que ilumina mi cuerpo.
—¡¿Esto es sangre?! —grito desesperadamente mirando una y otra vez mis manos enrojecidas.
—Has terminado con tu dolor? —dice una voz al final —. Eso era lo que querías.
—Pero... ¿qué pasa? No entiendo nada.
—Lo has hecho, no hay vuelta atrás. Ahora dime, ¿te sientes bien?
—No realmente. —hice una pausa mientras miraba todo el lugar para ver si detallaba la presencia de alguien —. Sí, pero no.. dime que ocurre, ¿dónde esta mi madre?
—Dijiste que no importaba nada.
—Quiero a mi madre. —sollocé en tono eufórico.
—Hmmm.

Un silencio incómodo se descontroló mientras detallé aquella sonrisa burlona que exponía su rostro.
—Que chistosa eres.
—Acaso... ¿no me responderás? —pregunté titubeando.
—Ya no puedes volver, has terminado con todo. ¿No querías una vida en otro lugar? Anhelabas no estar ahí.
—¿Cómo que ahí?
—Has muerto… y espero que encuentres tu felicidad en este lugar.

Mi respiración se detuvo de golpe. Mis manos siguieron sangrando a tal punto que caí en el suelo por la debilidad adquirida. No sabía dónde me encontraba ni quién era la persona que me hablaba, solo sé que... me convertí en un alma suicida.

Emparedado de vacío.

Estaba sentada en el patio de mi casa,
leyendo,
en una tarde como muchas.
Leía una típica novela francesa,
o al menos trataba.

Estaba el Sol y sus rayos de verano a las cuatro de la tarde los cuales me complicaban el enfoque en las hojas blancas. Podía desplazarme a la sombra, pero como ya había escogido el lugar, prefería aguardar a que con el paso del tiempo se fuera expandiendo sola hasta donde yo me encontraba. La tarde era perfecta, el día anterior había llovido bastante... la tierra estaba fresca y el cielo estaba despejado. Continuaba con mis pensamientos sosegados a medida que progresaba con la lectura. Era una sensación apetitosa ya que hace varias semanas no me había podido tomar unas horas para disfrutar del libro como lo hacía en esa víspera con todos los sonidos y aromas propios del sitio.

Haciendo simetría entre las líneas de las hojas, vi de soslayo una silueta acercándose por la esquina del patio: el gato con su andar inaudible. Siempre siento un poco de enojo cuando me hace eso, a menudo trato de estar atenta pero la mayoría de las veces no lo veo hasta que él quiere que lo vea. Sol venía con su paso felino, bastante relajado y directo hasta mi lugar. Levantó la mirada y con los ojos entrecerrados me saludó con un maullido perezoso, pasó por debajo de la silla y me pareció sentir que se recostaba detrás de mí, también al sol. Me acomodé con un gesto de contento sobre la silla y continué la lectura. Ese día vi un pájaro que no había visto nunca.

No lo noté hasta que estuvo tan cerca que su chillido en forma de llamada me hicieron despegarme del libro. Estaba parado en el muro que antes mencioné, primero advertí su graznido continuo, después el colorido de sus plumas naranjas y rojizas, con detalles negros. No sé si era un pichoncito o que su especie es de ese diminuto tamaño; no era más grande que los damascos que empezaban a emerger desde el jardín del vecino. Y así estábamos los tres en esa escena, el pájaro que no paraba con sus gritos de dos en dos, yo con el libro en la mano derecha observándolo fijamente y el gato que seguía recostado detrás de mí, pacíficamente.

La sombra acercándose, había pasado un buen rato. Entonces empezó a bajar; se paró sobre el toldo, giraba el cuello en varios ángulos, daba pequeños saltitos, nos miraba desde arriba y sin dejar de hablar, después se retrató sobre uno de los tornillos oxidados del mástil que sostenía el tendal, luego sobre el piso. Cada tanto el gato contestaba la llamada burlona del pájaro con un maullido tembloroso, sin mirarlo pero haciéndole notar que lo escuchaba... a tal punto no pude evitar la sonrisa, mientras me llenaba los ojos con la peculiar conversación que estaba apreciando.

La sombra me alcanzó los pies. Ante la indiferencia del gato, el pájaro salió volando y esa fue la única vez que interrumpió su voz. Unos segundos después, escuché que arrancaba de nuevo, desde lejos sentía el mismo graznido repetitivo. Respiré hondo y volví a mi lectura, me costó encontrar el párrafo que había dejado. Escuché un ruido que venía de la casa, a lo lejos, y que me llegaba desde el pasillo: la puerta de la cocina se abría apenas y golpeaba quedamente la chapa al cerrarse. Los pasos torpes de Luna, sus pezuñas chasqueando contra el cemento la delataban. Recién ahí detuve la lectura y miré al gato que ya estaba alerta. Llego la perra, me saludó alegremente y una vez que le di una palmada en el lomo se dispuso a olfatear el piso de aquí a allá. Yo la seguía con la mirada porque sabía lo que se venía, movía el rabo y buscaba algo; cuando pasó frente al gato éste se paró de golpe y le saltó al cuello buscando pelea.

No me contuve y me empecé a reír, la perra me miró con sus ojos negros como si intentara descifrar tímidamente qué hacer. Se quedó quieta mientras el gato desistía de a poco y le asestaba suaves zarpazos vergonzosos; al ver que no obtenía respuesta alguna se fue moviendo la cola nerviosamente. Con un bostezo la perra ocupó el mismo lugar donde antes estaba sol.

Tal vez fue porque no estaba el gato, ya que, cuando el pájaro volvió y se posó sobre el tendal no habló. Miró a la perra unos minutos y se quedó callado, después remontó de nuevo el vuelo. Lo seguí con la mirada un par de segundos para luego volver al libro. Cuando la sombra me cubrió por completo estaba terminando el capítulo, cuando lo hice marqué la hoja con un señalador y me puse de pie, la perra hizo lo mismo y los dos entramos a la casa. Seguía viviendo el día de manera normal pero no podía sacarme de la cabeza el pájaro y que tenía que escribir acerca de él. Hice un poco de investigación pero no encontré nada que me fuera útil para aplacar mi mente.

Pasadas unas horas salí de nuevo al patio, seguía con los pensamientos recurrentes que se me venían a la mente, un poco mezclados con las cosas que tenía que hacer antes de terminar el día. El gato me estaba esperando sobre el paredón, abrazado por la oscuridad, me vio y yo me quedé mirándolo. Tenía al pájaro en la boca. Se bajó de un salto impecable y se sentó, soltó la presa en el piso y la olfateaba. Yo di un paso y él paró la oreja, mordió el pescuezo del pájaro una vez más y se quedó inmóvil aguardando mis movimientos. Levanté la voz, le dije algo (para el relato no viene al caso) y, no porque yo lo hubiera espantado, sino porque creo que me entendió... saltó el paredón y se llevó al pájaro entre sus fauces a otro sitio. Desde mi habitación, escuché el graznido del pájaro una vez más y esta vez se tradujo en algo que pude entender perfectamente, no sólo entendí, recordé todo lo que el pájaro decía.

Me recompuse y abrí la puerta para ver si podía verlo una vez más y no lo encontré, solamente al gato sentado en el centro del patio y la certeza de que el pájaro ya estaba muerto. Lo llamé y el felino entro a la casa dando maullidos. Es desde esta sucesión de hechos, cuando digo que ya no puedo sentir nada. 

A veces vuelvo a escuchar los graznidos del pájaro
pero sé que son sólo recuerdos
porque ya no me significan nada.

08 noviembre, 2012

Memoria de un hombre.

Primero vi sus manos moverse en el espacio oscuro hasta darle forma. Segundos después, vi sus ojos iluminar el lugar donde nos encontrábamos. Luego vislumbré su cuerpo lento, a punto de tocar la puerta para marcharse y no volver más, pero, un pensamiento se agolpa en su cabeza que impide su partida... lo sé, lo siento en mi corazón que llora su lejanía. Aguantando la respiración baja su mirada al suelo dudando de su decisión. Por fin, con pasos inseguros me acerco, tomo sus manos y envuelvo su cuerpo en un abrazo.
—Todo está bien. —susurró en su oído para luego bajar con besos hasta sus hombros. De forma reticente intenta huir, pero, mi abrazo es más fuerte y con besos en su cuello obligo a que se quede conmigo en el lugar donde todos podrían vernos, lugar que permitía que llegara otra alma a interrumpir aquello tan frágil. Recorro con mis manos su cuerpo y con gemidos suaves sé que no me dejará, no lo hará, al menos por ésta noche.

04 noviembre, 2012

Silencio.

Salí de mi hogar y solo me encontré eso... un silencio eterno e imperecedero reinaba sobre ese mundo nuevo. Era muy fácil llegar a una clara conclusión lógica: me encontraba sola sin presencia alguna... ya no quedaba nadie más.

Ya no existían los mendigos que frecuentaban los mismo sitios cada vez que paseaba por la calle, los obreros trabajando a horas tempranas de la mañana, trabajadores vestidos elegantemente yendo con un maletín en la mano a las oficinas de un resplandeciente edificio, a las mujeres que solían ir con los niños para llevarlos de manera puntual a la escuela, los jóvenes que siempre estaban bromeando sobre la vida tan inocentemente conocida, los políticos que cada día sacaban de la manga una original reforma para dominar a las masas. No solo eso… ya no existían los niños hambrientos de la vieja África, los dictadores que llenaban páginas y páginas de periódicos y libros de Historia, las personas que nunca conociste y nunca conocerás, de diferentes hablas y rostros, con sus curiosas características. Nadie, nadie más.

Era el último ser humano del planeta. Coches vacíos, puertas abiertas, obras de construcción abandonadas, periódicos tirados, objetos personales olvidados, alguna que otra arma tirada donde uno no se lo esperaba… y sobre todo silencio. Los edificios se alzaban como grandes colosos, siempre atentos a lo que pasaba a su alrededor.

Entré en la tienda más próxima para conseguir provisiones. Se me hizo extraño no pagar y que no me llamaran la atención por dicha acción. Agarré una fruta, pues sería lo primero en que se estropearía; era una pena perder tal delicioso sabor. Mientras me comía una manzana se me vino a la cabeza distintos pensamientos contradictorios. Me daba cuenta que era la última de mi especie, la única vida inteligente del planeta. Caí en la cuenta de que ya no tenía nadie con quien relacionarme. Nunca encontraría el amor y no podría conocer al chico ideal que tanto esperé encontrar... pero, también tenía un lado positivo: no tenía que rendir cuentas a nadie, no tenía que preocuparme de los demás. Y lo más destacable: era mi mundo.

Una amplia esfera para mi sola, sin compartir con nada ni con nadie... lleno de lugares fantásticos sin que nadie me prohibiese su entrada. Todo estaba a mi disposición. Con unos mínimos conocimientos de agricultura y un poco de suerte, más la sagrada ayuda de las bibliotecas, no tendría que preocuparme por el hambre. Tenía suficiente tiempo antes de que toda la alimentación dispuesta se caduque. ¡Oh, el tiempo! Me sentía la señora de los tiempo. Ahora, con la desaparición del ser humano, el tiempo dejó de tener poder sobre mí. Yo decidía en qué momento del día haría las cosas y de que modo. Ya no existían la horas, los segundos, los años, los minutos… yo era el tiempo.

Por suerte, el Internet no estaba desconectado. En mi casa me conecté, suspirando al ver que todos los datos estaban intactos, y por tanto, tenía a mi alcance el conocimientos de la humanidad. Se me hacía extraño que fuera la única persona conectada a esa gran red. Dejé las provisiones en la nevera. Eché un vistazo a la cocina, curiosamente limpia sin los estragos que hacía mi padre al comer. Me sentí triste al darme cuenta de que no volvería a ver a mis padres. Las Fiestas de Navidad, los días calurosos de verano, las primeras despedidas al empezar el curso escolar y no tener tiempo para conversar con ellos. ¡Ah! Y mis amigos, mis compañeros de clase. Ya no nos podremos burlar de las personalidades de los profesores o salir los sábados por la noche. Su recuerdo no bastaba, por dentro los extrañaba.

Pasé por una tienda de animales. ¡Ruido! Fui a ver y me encontré a 5 cachorros de distinta raza y a 4 gatos pequeños. Los liberé y distribuí suministros de comida por la tienda para que éstos pudieran sobrevivir en mi ausencia. No podía llevarme a ninguno. No. No podía permitirme un compañero que pudiera morir antes que yo y me dejara con otro recuerdo doloroso. No era el mundo post-apocalíptico que me esperaba. Toda la ciudad estaba iluminada y los rayos del sol chocaban contra los cristales de los rascacielos. Era como haber salido de una maldición que hacia que todo fuera oscuro y tenebroso.

Finalmente me fijé en una cosa: una bandera deshilada encima del ayuntamiento. Era gracioso de como esa bandera había dejado de tener significado de un día para otro. Antes de que todos desaparecieran, yo no tenia ninguna patria a la que adorar. Me fijé en la plaza. Era la reunión de desfiles, de fiestas, de tropas pasando enaltecidas por el orgullo nacional con fusiles en la mano, de discursos políticos y revueltas. Eso se había acabado. En mi mundo ya no había fronteras. No estaba dividida por banderas y absurdas ideologías. Pero... ¿Cuánto podría aguantar sin que el remordimiento de la soledad me consumiera viva? ¿Cuánto podría soportar sin saber la verdad de todo aquello? ¿A quién podría amar y mostrar mis sentimientos? Y obtuve mi respuesta: Silencio.

06 octubre, 2012

Demencia por ti.

Aquí me encuentro, tendiendo mi cuerpo desnudo sobre la fría cama como aquel óleo trazado por primera vez en un lienzo. Cierro los ojos para entrar al portal de mi mente, subir paso a paso todo pensamiento que se atraviese y contemplarlo para responder mis propias preguntas. Inhalo profundamente el aire para contener los latidos que van de forma violenta bombeando sangre a mi organismo... luego, exhalo.

Estoy en un lugar oscuro, sentada de piernas cruzadas sobre una silla de cuero rojo. Una silueta se acerca a mi... no logro detallarla con nitidez, pero, a medida que venía, más se aclaraba.

Lo primero que observé fue una piel morena que pareciera bailar un tango de lo ingenuo con que se movía. Estando cerca mío extendí mi mano. Palpé un cabello liso como la superficie de una madera recién pulida y más negro que todos los pecados.
—Desconozco de ti. —murmuré mientras mi mano regresa a su posición, mi pierna.
Bajé la mirada y enseguida sentí el roce de unas cálidas manos que apoyadas de mi barbilla subieron mi rostro. Detallé esas cejas que hacían función de prisión ante sus gestos; notaba una emoción de euforia... quizás estaba equivocada. Me topé con sus ojos, un par de prismas negros como gatos corriendo por los tejados. Largas pestañas como un tobogán de locuras. Seguí deslizando mi mirada por su rostro. Me detuve en su nariz, donde cobraba por cada aroma que deleitaba. Ahora siento en mi interior un fuego duplicado cuando vi sus labios los cuales al imaginar su lengua acabé con todas mis pesadillas de manera instantánea.

Soltó un suspiro y luego volteó. Me perdí en el callejón sin salida de su nuca y en aquel cuello que parecía una rama para colgarse. Su espalda me tentaba... era como si fuese mi patria, obligándome a ser palpada. Se quedó un rato mirando al vacío.
—Tu olvido fue un descuido de mi pasión. —dije con voz sutil.
Al parecer no me había escuchado. De seguro su mente se había transformado en un crucigrama sin solución. Miré sus manos como una perdición... en seguida las apretó y sentí como si sus uñas acribillaran mi corazón, aferrándose cada vez más a lo imposible. Giró su torso dándome una vista de su pecho con el que me sentí dueña por unos instantes. Su ombligo andaba buscando donde ocultarse mientras mi respiración aumentaba de ritmo.

Me levanté y caminé hacia el. Por cada paso que daba, la oscuridad se alejaba. Y, ahí quedé yo... congelada por mi sorpresa de notar que eras tu el que se escondía en este manto deseoso. Estaba a pocos centímetros de tocarte cuando te acercaste y mi boca se volvió un milagro de la humedad al toparse con la tuya. Fue como si muriera el verano por transformarse en primavera. Sentí en mi vientre un desanudo, y, en ese instante, sus manos rodearon mi cintura como una cordillera donde saliera el Sol más temprano.

Una lágrima rodó por mi mejilla cuando desperté de golpe. Mi almohada se inventó otro sueño para que siguiera durmiendo pero de nada sirvió. Por fin, esas serpientes de cascabel se habían transformado en flores de alquitrán por estar efímeros minutos contigo.
—¿Por qué? ¿Por qué? —gritaba una y otra vez hasta sentir un furor que me hizo romper a llantos.

11 septiembre, 2012

Susurro de una vieja certidumbre.

Acostada en mi cómoda cama, sintiendo la brisa rozar mis piernas trato de cerrar los ojos para recordar tu encantadora mirada que tanto me gustaba. Sonrío. Subo mi mano hasta mi rostro y toco mis mejillas imaginando que son tus manos y eras tú el que tenía contacto con mi cara. Abro los ojos y me dirijo hacia mi ventana. Subo las persianas y contemplo el cielo como de rutina. Tomo un pedazo de papel y busco mi bolígrafo de tinta azul y ahí escribo mi siguiente nota:

"Veo las nubes de distintos colores... de azules, a grises... de grises a marrón... de marrón a negras. Veo las hojas caer, y noto como los arboles quedar secos, luego vuelven a nacer y repiten el ciclo. Veo los bancos de la plaza recién pintados y luego oxidados. Lo que no pasa con el tiempo es sentarme a esperar con anhelo que un día me puedas acompañar…estando enfrente mío, oyendo tu cándida sonrisa y voz, tus ojos café y tu piel morena. Que estemos juntos creciendo y recorriendo muchos lugares del mundo en donde amanezcamos con una nueva locura de la cual aventurarnos.
Sí, al parecer otra vez te extraño...
pero más te amo."

Suspirando con una sonrisa en mi rostro tomo ese papel y lo doblo hasta que ocupara solo la palma de mi mano. Me levanté y dejé el bolígrafo en mi biblioteca, me tiré en la cama y besé aquel diminuto folio mientras cerraba los ojos para darle paso a una hazaña en la que ambos repetíamos «nos tenemos uno a otro y no hace falta nada porque juntos complementamos cada pedazo de mundo que tenemos en nuestros corazones».

07 septiembre, 2012

Relato conmovedor.

Una pesada noche cae sobre mí, rutinariamente. Un tintineo musical surge de mi computadora. Una canción de Indie que coloco en los momentos desabridos de mi vida, como hoy. Me dirijo a mi armario y me quito prenda a prenda la ropa que llevaba puesta. Me sentía más ligera, como una pluma. Tomé una liga y opté por hacerme una cola alta, que cada uno de mis rizos hiciera contacto con el sujetador de mi sostén de escote. Me tiré sobre mi cama y enterré mi cara sobre la almohada, ahí pensaba descansar pero, solo me dieron ganas de enterrarme bajo arenas movedizas. En este instante las lágrimas inundaron mis ojos y rodaron por mis mejillas. Una oleada de calor me invadió al estar ahí sollozando, apretando cada vez más la almohada, y mordiéndola para que nadie escuchara mis llantos. La detonada que escuché era «pumped up kicks» y enseguida miles de recuerdos llegaron a hacerme alucinar... tu rostro, tu mirada, tus besos, tus cálidos abrazos, esas caricias en mi cuerpo, esas palabras, tu tono de voz y como se adaptaba mi nombre a tus labios cuando mencionabas que iba a ser la única niña de tus ojos.

—¡Maldita sea! —grité unas cuantas veces mientras incrustaba mis uñas en la lisa tela de mi funda. Respiré profundo para intentar calmarme. Sentía un desespero que ni yo misma podía soportar, lo único que hacía era apretar con todas mis fuerzas la almohada pensado que era su pecho.
—¿Por qué no puedes dejarme tranquila y desaparecer? —dije mirando la pared, imaginando su rostro ahí, ante mis ojos.
—Es fácil seguir la vida si no se tuvieran sentimientos. Es fácil... ser duro como una piedra y no sentir nada por nadie, ni decepciones ni tristezas. —mordí mis labios y tan fuerte fue el pellizco que una delicada gota de sangre rodó hasta tocar mi piel. La toqué con mi lengua y deleité su amargo sabor.
Dejé de apretar mi almohada y la puse sobre mi nuca. Tomé mis manos y sequé mis lágrimas. Me levanté a tomar mi diario y el pequeño lápiz afilado que encontré en mi biblioteca, me crucé de piernas y comencé a escribir mi reflexión del día de hoy:

"El amor no es tan bonito como lo pintan, es hasta feo. En mi caso, decepcionante... yo que muero por el y el que ya anda con otra. ¿Cuándo lo podré superar? Creo que el día que me muera porque cada vez que pasan las veinticuatro horas del día a día lo añoro tener en mis brazos. Pero, no es amor... lo sería si el me amara como aquella noche en la que dormí a su lado, pero, sus sentimientos fueron momentáneos cuando me prometió que iban a ser duraderos. ¡Vaya cicatriz ha dejado en mi! Lo peor es que cree que desapareció.
En la tarde vi a dos periquitos limpiándose las plumas el uno al otro... eso sí que es precioso. Ellos no discuten, ni se hacen daño. No sienten la necesidad de atacarse. Únicamente, quieren quedarse juntos, despertarse y ver que su pareja está a su lado. Echarse una siesta encerrados en una jaula, echar a volar más tarde. Creo que el amor perfecto se encuentra en las ilusiones que nos damos con las personas equivocadas, aquellas que podríamos amar, aquellas que no darían ni un minuto por nosotros pero que les tenemos toda una vida hecha en nuestros pensamientos."

01 septiembre, 2012

Toc, toc...

Toc, toc... suena la puerta mientras tu caminas de tu cuarto a la entrada principal a ver quién es. Te topas con una carta escrita con letra de molde y una firma al final:

"Querida persona especial...
      Te escribo estas palabras porque sé que no quisieras ver mi rostro ni en el reflejo de tus ojos ni tampoco en una vieja foto juntos. No creo que tenga las agallas para dejarte de hablar por un simple mal entendido que comenzó por hervirme la sangre; resultado: ser inmadura. Se que hay muchas cosas de las cuales no toleraste de mi, que te ajetrearon o simplemente te hicieron molestar, discúlpame, es que todavía no controlo mis reacciones frente a lo inesperado. Te quise con mi vida, con mi fiel corazón pues todavía mis ojos siguen siendo para tí, sabiendo que solo vivo de una ilusión y que será totalmente imposible volver a tener algo. Vivo de recuerdos, dulces y amargos recuerdos que día a día me destrozan el alma haciendo que rompa a llantos; resultado: tu seguiste tu vida y tu sigues en mi cabeza. Lamento estas inmadureces, en serio, nunca quise complicarte la vida ni ser una carga para ti, al contrario, quería ser la dueña y motivo de tus sonrisas. He estado tan pendiente de ti siempre que muchas veces me olvido de mí misma ¿irónico, no? Me dijiste hoy que siguiera la vida, y lo haré, pero, solo con la promesa de seguir siendo amigos por más difícil que me sea. Esta carta es muy improvisada puesto que me voy de viaje y estoy a «apaga esa computadora» de irme. Sin más que decir, te amo... esperemos vernos en un lugar de la vida. Siempre tendré la esperanza de encontrarte."

22 agosto, 2012

Cortometraje de un amor.

Ella era pequeña, más baja que el, por su puesto, de ojos verdes y muy enamorada. Él era alto y de cabello negro, quizás con una mente un poco confusa, ellos eran totalmente diferentes... como el agua y el aceite. Sus mejores recuerdos se remontan aquella vida en la que estaban juntos en las buenas y en las malas y en las que su sonrisa tenía una carga magnética que hacía que mis labios hicieran una mueca de felicidad. Pasaron por muchas etapas, muchos cambios, duraron un buen tiempo separados desde la primera vez que se flecharon con su propia mirada, como seis meses para ser exacta, y, durante ese tiempo no hacían más que extrañarse. Cada uno siguió su vida, una un poco estancada y el otro un poco loco... fue, como una lección que ambos aprendieron «la distancia despertó en ellos el amor que se habían rehusado a enterrar».

Se reencontraron en la misma fecha que llegaron a crear algo más formal, porque él la buscó, el quedó decidido a transformar esa relación que habían tenido en el pasado en algo más que real. Pasaron los días y tuvieron la oportunidad de experimentar las aventuras que el destino les concedió, dormir juntos, fue una de esas. Tenían muchos planes futuros pero, al parecer, los problemas y mal entendidos entre ellos crearon una atmósfera, como de... desesperanza. Y es que, a medida que pasó el tiempo el océano comenzaba a introducirse entre ellos, se sentían distantes... desunidos. Pasaron días sin verse, solo pensándose y cuando por fin llegó el día, fue, una ruptura. Su último día, fue un cálido "adiós".

Ese día fue una mezcla de ira y tristeza porque ella veía partir, sin poder hacer nada, a lo que más amaba en esta vida. Solo le quedó cruzar los brazos y hundirse en sus lágrimas, y es que, el dolor era tan grande que no podía controlarlo. El secaba aquel lamento y abrazándola le daba apoyo. Ella solo se sentía satisfecha por haber tenido un hombre tan ejemplar que la hiciera feliz y en ese momento, con esas palabras que le dijo, sentía que había alcanzado el cielo con las puntas de sus dedos, pero, a la vez, se sentía destrozada al saber que ese día iba a ser el último que iba a compartir con el. Y bueno, tantos años han pasado desde entonces, que, hasta el día de hoy ella no se olvidará de lo último que escuchó, un «te amo».

—¿Quién era el? -preguntó la pequeña niña de piel morena, cabello rizado negro y ojos verdes que escuchaba muy atenta aquel cuento.
En ese justo momento entró el papá por la puerta, con una enorme sonrisa en sus labios.
—Tu padre, aquí presente como si lo hubieran invocado. -dijo con voz tenue, la enamorada mujer.

17 agosto, 2012

Endeble sentimiento.

―¿Te puedo preguntar algo? -le dije, mientras pensaba en decírselo de forma sutil para evitar el rompimiento-. ¿Sientes lo mismo que antes?
Una mueca vacía rellenó el incómodo silencio.
―Eso creo -hubo una pequeña pausa. Me miró a los ojos, acarició el puente de su nariz y me encaró nuevamente- . Necesito que me disculpes, en serio.
―No hay nada que disculpar -intenté decir con tranquilad mientras tomaba su mano-. Solo te pido que entre nosotros esté siempre la verdad.
―Lo sé -me dijo directamente e interrumpiéndome. Cerró las manos en puños y pensé que se molestó con la pregunta, pero se limitó a relajarse-. Soy un estúpido sin sentimientos.
Me fue imposible no sentirme decepcionada.
―No lo eres. -lo miré y enseguida estallé en lágrimas- Me gustan tus defectos y tus virtudes. Todo lo que tienes, me encanta porque de una manera u otra así me enamoré de ti.

Pasada la tarde, ambos se despidieron con un abrazo y una sencilla sonrisa. Mientras el caminaba rumbo a su casa, ella se iba directo a su cama.

Cerró la puerta, colocó música suave y empezó a desvestirse. Se amarró una cola y se quitó el maquillaje. Se observó en el espejo y se preguntó a si misma:
―¿Por qué? -su respiración se acortó- ¿Qué hice para dejar de gustarle? ¿Qué hice para amar a alguien que no valora? ¿Qué hice para nacer tan débil? -sus lágrimas resbalaban por sus mejillas y caían al suelo. Hizo una mueca de tristeza.- ¿Esto es el tal "amor"? ¿Enamorarse siempre es sufrir? -Se quedó observando su cuerpo el cual estaba húmedo por sus lágrimas. Pasó su mano por ellas para secarlas. Suspiró y cayó exhausta a un lado de su cama.

No había llegado al paraíso ni en la última embestida, pero se sentía bien con tal solo llorar. Sólo con la idea de saber que era él quien la tomaba, quien quería en su vida sin pensar en ella. Miró su rostro que estaba marcado por miedo y contradicciones. Miró sus ojos color verde, algo rojos de tanto llorar y su cabello, que caía tímidamente hacia delante. Miró sus mejillas rosadas, y sus labios totalmente muertos, sin expresar nada. Miró su pecho desnudo, como subía y bajaba apresurado. Tomó su teléfono y vio una foto del amor de toda su vida, su pareja, aquel que seguía con ella. Ella estaba locamente perdida cuando se encontraba a su lado, decía que había encontrado a la persona con quién quería crecer.

Cuando ya habían pasado varios soles y desaparecido varias lunas, llegó el día en que se volvieron a ver.

Ella se recostó a su lado y puso su cabeza en el hombro de él. Nadie habló en ese momento, el silencio era tan fuerte y aplastante para ella, que no podía decir nada. Sólo miraba como en sus ojos, veía a alguien más en su lugar.
―Mírame. –Pidió tímidamente. El giró su rostro, y la encaró- Mírame a mi, no a ella. -dijo algo dolida. El nudo en su garganta y las lágrimas arrebozado sus ojos.-
―¿De qué hablas? –preguntó él.
―No entiendo por qué sigues con esto –hiló- Una mujer sabe cuando la miran y ven a alguien más.
―Creo que te afectó… -comenzó a decir él, pero ella lo interrumpió.-
―Sólo pido… que me mires a mi. Sólo eso. ¿Es mucho pedir? –lloró.

Contempló sus ojos llorosos durante unos minutos, sólo viendo el dolor y la tristeza en ellos. Se sentía herida. Había acudido siempre a él para todo, sentía que el de verdad la quería, pero, era lo contrario... venía y la lastimaba una y otra vez callando todo lo que sentía. Y ella sabía que pasaría así, sólo que se conformaba a ciertas de que no sería nada más en su vida. Ella se quedaba de brazos cruzados viviendo de ilusiones y fantasías solo por no alejarse de su compañía.

Él decidió mirarla, encontró una mujer diferente a la que había tenido hacía pocos minutos en su poder. Una mujer distinta que jamás había visto. Recorrió con la mirada su rostro cremoso, sus ojos brillantes por las lágrimas, su pelo rulo enmarañado y su sonrisa rota. El se dio cuenta que sus lágrimas eran verdaderas, que ella de verdad lo amaba a pesar de sus errores y de que solo se sentía devastada. Bajó la mirada al sentirse triste. Cuando él miró sus ojos llorosos, vio el dolor que le causaba a ella, como sus lágrimas hacían cola para desbordarse una tras otra.

―Sabes… -suspiró.
Ella se giró sólo para escuchar su voz, la que había interpretado sueños y había sido musa de mil y un canciones, mil y un poesías, mil y un ilusiones.
Continuó.
―Sabes que me gustaría poder cumplir todos deseos, poder hacer tus sueños realidad, poder amarte de la misma forma en que tu lo haces, pero no puedo… -susurró y besó su frente, antes de levantarse del sofá.

Al terminar de escuchar la verdad salir de su boca, sentir su cuerpo abandonar el sofá, abandonarla, ella se giró de un costado y dejó que el mar de lágrimas fluyera, dejó que sus sueños se resquebrajaran un por uno, y sus mil y un esperanzas, cayeran una por una, a un pozo sin fondo.

15 agosto, 2012

Sexo en la espina de una rosa.

¿Te has imaginado la curvatura de la espina?
Algo como.. un abismo.
O escalas por el tallo y encuentras los más hermosos pétalos,
o te resvalas y te raspas con su corte.

En el cuerpo de una mujer, sus senos son una obra de arte...
alimenta a un ser humano que atendió por 8 meses,
y los cuida no solo por ser parte de ella
sino que, eso está dentro de su belleza.

Ahora, fijándonos en la rosa, el centro de ella,
son los senos de una mujer...
Lo liso de los pétalos es su piel
su tallo es el cuerpo
y las espinas sería lo secreto que cada una de nosotras tenemos.
Nuestra personalidad, nuestra forma de ser o nuestro físico.

Cuando hablo de "sexo en la espina de una rosa"
es tener relaciones sexuales, algo muy obvio, pero,
que nosotras nos sintamos como reinas, satisfechas...
Porque si nos sentimos dichosas
el camino para llegar al capullo de esta flor será fácil.
Pero, si no lo sentimos, solo caerán al abismo,
y se resbalarán por estas filosas espinas....
Por eso se dice de que las mujeres son como una flor,
porque cada una es diferente en todo aspecto.

Así que... cuida a cada flor que encuentres en el camino de tu vida,
admírala, cuídala y hazla lucir con orgullo.
¡Mantenla fresca! Disfruta de su agonía, de su aroma y de sus colores.
Y hazla feliz para que nunca se marchite y pierda su razón de vivir y florecer.

22 mayo, 2012

Me gustaría decirle algo.

En el cielo siempre hay una luna, aunque al mirarla no se ve a ninguna. Ya que el amor que tu creiste que murió aún sigue durmiendo aquí en su cuna. Cada mañana te extraña mi almohada , sin ti mi vida no es nada, es que es imposible borrar de mi mente tu mirada. No sé porqué ni por donde se fue, no sé hasta cuando esto soportaré, por más que intento no puedo olvidarte. Yo te lo juro que no se.

Hace tiempo que no te veo y solo veo que siguen pasando las horas y solo pienso yo en que algún día caminando al fin te encontraré y te diré lo que mi corazón por miedo se calló. Yo creí que iba a poder estar sin ti pero cuando te vi en aquella foto comprendí que el amor va más allá de este maldito orgullo y que nací para cerrar los ojos al lado tuyo. Esta herida no sana, las horas me apuñalan, no puedo olvidarte aunque piense en las cosas malas. El amor no es un software que si quieres desinstalas, por eso la soledad en las noches me mata, y es que mucha gente cree que terminar algo que duro tanto es como tomarse una taza de café ¡No, no y mil veces no! al menos no cuando se siente lo que estoy sintiendo yo.

¿Qué hago con tu recuerdo? Yo se que al terminar una oración al final siempre habrá un punto pero juro que no voy a poner punto si la oración no termina en "estaremos siempre juntos". Hoy me hundo en este mundo donde el mundo para que sea mundo tiene que haber de todo, donde existo yo que te quiero con todas las ganas y que de no extrañarte no hayo el modo. Otro periodo sin tu olor, aumentará el dolor, me atrapará el temor de perderte por siempre porque no tiene sentido respirar el olor de otro cuerpo si por ese cuerpo amor no sientes. Y aunque sienta que esta "conexión" llegó a su fin, voy a seguir pensando que eres tu en cada cosa y si algún día sufro de amnesia recobraré con fuerza tu imagen con solo mirar un jardín.

En fin, no hay un fin cuando es infinito un sentimiento, cuando se quiere con el alma y con alma va creciendo como una semilla; da igual donde se riega, si bajo un puente o bajo una alcantarilla. La vida es más sencilla de lo que creemos, nosotros mismos ponemos los "peros", y no nos entendemos. Y te das cuenta que al final del camino ni te perdí, ni me perdiste, solo nos perdimos. Y si nos vemos, no nos saludamos y si nos saludamos es por educación. ¿Por qué fingimos tanto, si tanto nos queremos? Podemos disimular pero la orden la da el corazón.

20 abril, 2012

Colores vs. Escalas grises.

¿Por qué las personas insisten en ver el mundo rosa y estar siempre felices y tenerle pavor a la tristeza?

"No te das cuenta que tu mundo de colores es realmente una mancha de pintura en un lienzo monocromo": Imaginen que todo su mundo es color rosa y se encuentran con un pequeño rincón gris, inmediatamente sentirán una especie de pánico, el mundo que habitas está siendo "atacado" por esa mancha oscura. Por curiosidad, te acercas, quizás no sea tan malo... pero ésta te atrapa, no la conoces bien así que no sabes como salir ¿qué puedes hacer? Intentar huir al tiempo que te traga y luchas, y sigues luchando lastimándote a ti mismo, pero aquella oscuridad te gana. Ahora estás atrapado en esa fría oscuridad, te cuesta salir, intentas he intentas pero te lastimas con cada intento, quizás alguien venga en tu auxilio y te saque de allí, por supuesto, tu estas tan aterrado  que corres rápidamente hacia el calor que te produce ese mundo de colores. No quieres volver, sigues en tu mundo pendiente de cualquier inicio de oscuridad, pero pronto te das cuenta que tu mundo poco a poco disminuye y pierde fuerza y ahora la oscuridad (tristeza, dolor, odio, mal...) te rodea. No pretendes salir del color, nunca, aunque sepas que atravesando ese camino hay otro lugar de colores, pero no puedes, solo te quedas quieto, sin moverte, donde el miedo te apresa.

"Si tu mundo es color gris será más fácil apreciar la belleza de los colores, hasta los más tenues": Imagina tu mundo en colores grises, es frío, pero refrescante. Estas solo, pocas veces puedes encontrar gente allí, caminas sin rumbo tarareando una canción para acompañar las lágrimas que ruedan por tus mejillas, mirando como tus pies se adelantan al otro apenas. Ese pensamiento te arranca una sonrisa al imaginarlo, tus pies se topan con algo curioso... grama de un intenso y bello tono verde. Alzas los ojos y vez un hermoso paisaje de colores, corres a él y te lanzas en medio de ese Arco Iris. Intentas diferenciar el aroma de cada flor, tomando una de cada tipo, disfrutas cada instante hasta que después de una corta siesta, al abrir los ojos notas como el color se desvanece del lugar. Suspiras al ver que tu tiempo terminó, pero sonríes al saber que lo disfrutaste al máximo. Sacudes tu ropa y caminas nuevamente hasta la oscuridad, volviendo a sentir la brisa fría abrazando tu cuerpo, dándote la bienvenida.

23 marzo, 2012

Todo lo que hacia, decía o pensaba era en vano.

Es bueno (dependiendo la ocasión) releer las conversaciones donde la persona que te hiere se manifestó en tu vida como aquel "amor de tu vida", diciéndote mil y un palabras hermosas que pensabas que salía de su corazón. Pero, meses después, con tanta frialdad y facilidad puedes darte cuenta que aun así pasen siglo, las palabras no solo estarán grabadas en tu mente sino también en el corazón y que aparte, sabes perfectamente que un perdón no va a bastar para sanar la herida, es bueno volver a ver la evidencia que me aparté de todo para siempre estar a su lado.

Hoy decidí terminar esta historia. Ya no vale la pena ni la historia y mucho menos el personaje principal. Después de tanto entendí que no todo tiene un final feliz y que por más que uno trate de luchar por alguien a veces ese alguien no quiere ser salvado. Duele saber que la persona que más amas va a ser la primera persona que te va a fallar. Me limito mis pensamientos hacia el amor, a veces lo entenderé y a veces no.

Ya no quiero entender el por qué no funciono, el por qué no se quedo. Yo dí lo que pude e inclusive más allá. No quiero cuestionarme, ya acerca de esta relación y mucho menos acerca de el. Ya me harte. Ya por fin.. Me harte. Dí lo que pude y aún así no lo quisieron entonces no daré media vuelta y me iré.. Levantaré la frente y seguiré caminando derecho sin darme media vuelta por que solo sería retroceder.

Con frecuencia me preguntan: "¿Lo amaste?" Sin duda alguna.. con tanta pasión que hasta el momento desconozco su origen y su caducidad. "¿Por qué no le tengo coraje después de todo?" Porque jamás voy a odiar a alguien que durante mucho tiempo fue la razón de mis días y que gracias a los dos siempre tendré una motivación plasmada en el cielo. "¿Lo perdonarás algún día?" No soy nadie para darle perdón a alguien más, a la única persona que él le tiene que pedir perdón es así mismo porque no puede ver lo que acaba de perder.

¿Qué por qué digo que perdió algo si ni siquiera me amaba? Porque estoy segura que soy una de las pocas personas que se topará en su vida que en verdad luchará de la manera en la que yo lo hice. No es igual que todas las luchas porque quizás muchas personas estarían dispuestas a luchar por el, pero reto a todas esas que lo conozcan como verdaderamente es... con ese orgullo de decir las cosas, con ese típico egoísmo que lleva por dentro, con su manera tan fría y calculadora de ser... y, estoy segura que menos de 1 persona decidiría luchar por alguien como el, que un día te ama, oculte que poco a poco que dejaba de sentir ese cariño y llegara el día en que ya no sentía nada por completo.
Por personas como él no lucha cualquiera, nadie es capaz de arriesgar tanto y recibir tan poco. Nadie es capaz de arriesgarse por alguien que no vale la pena.

Tenia este síndrome incurable de pensar que podría ser yo la que lo salvara, la que podría demostrarle el amor y la que lo hiciera cambiar. No va a cambiar. Ni ahora, ni nunca. Probablemente tenga que casarse y tener su familia pero inclusive cuando llegue ese momento y el diga que ama a su familia me será quizás, imposible creerle.. ¡Maldita sea! ¿Cuántas veces no le dije que dejara de estar enfrascado? Tomaba su mano y le decía que iba a estar con el para escucharlo. Hasta el día de hoy sigo pensado que el jamás le a interesado lo que le decía, porque está a mayor flote su orgullo.

Intenta tanto ser aquel que nunca será tocado ni conmovido por alguien, intenta tanto ser aquel que no tiene corazón ni alma que inclusive me convenció a mi y es por eso que pienso dejar de luchar por el. No quiero luchar por algo que no tiene corazón, no quiero amar en vano, no quiero decepcionarme cada vez que suspire. Solo quería que cambiara, que me amara como yo lo amé a el, que juntos dependiéramos de ámbos, que encontráramos la felicidad por cada momento vivido. Éso era lo que yo quería....

“También en el adiós se ama“ leí en un libro.. Y es así como me voy ,amando.
Sé que no encontraré a esa persona que me llenará de alegría todos los días de mi vida, que me amará sin obstáculos y sin miedos e hipocresías, esa persona que apreciara cada beso y cada "te amo" que salga de mi boca. No, no lo encontraré. No encontraré a ese hombre que me tendrá en sus brazos cada mañana y me dirá lo importante que es no darnos por vencidos, ese hombre que me buscará aún y después de la muerte porque cree en el amor eterno. Aún así, sonrío. Sonrío por los recuerdos que viví con el, con mi "primer amor", porque lo fue. Sí, me enamoré.

Me quedare con la frase ”Los patanes tenemos una filosofía  Disfrutar el momento”, solo que le quitaré lo primero y me quedare con disfrutar el momento. En esta historia me la he pasado poniendo puntos y puntos, pero creo que a sido el momento de ponerle punto final.

El final es: El hombre prefirió quedarse con los días donde la mujer que lo amaba no estaría a su lado, ignorar las partes donde ella le decía que aun así siendo el peor ser humano en la tierra ella lo amaría con sus defectos y virtudes día y noche y enfocarse más en como otras lo amarían por su apariencia o su labia. El hombre prefirió tener un corazón de hielo, frió y muerto y jamás dejó que la mujer que lo amaba le enseñara como era posible que uniendo sus pasiones harían que cada latido tuviera un sentido.
El aferrado y testarudo hombre decidió que era mejor ser reconocido como el malo en la historia de varias personas que ser el héroe en la vida de una sola persona. El no quería dejar marca de amor en la vida de la mujer, el quería dejar cicatriz de dolor para que cada vez que la mujer llorara, fuera por el y así su orgullo crecería lo doble.

Después de saber todo esto, nadie supo más de aquel hombre que lastimó tanto a la mujer que luchó por el mil batallas y guerras. Solo se sabe que de vez en cuando la mujer dice por ahí que nunca lo dejará de amar, porque para ella éso era amor.. Saber todo de alguien y aún así amarlo y que se tocara el corazón y volteara a la estrella los 14 de cada mes en honor a todo lo que pasaba cada treinta días porque se supondría que ése día tenía que haber nacido lo que desde un 14 - 06 - 2011 fue amor.

Desde hace tiempo se escuchó por ahí que la mujer dijo ”Lo amo, lo amé y lo amaré por el resto de mi vida... pero prefiero pensar que ya esta muerto.“

19 marzo, 2012

Esos labios rojos, esa cara pálida.

Fueron las 6 de la tarde, según el sol que se estaba ocultando entre las montañas que se veían desde su casa, sí, su casa. Me encuentro en casa de aquel chico el cual me hizo que cayera a sus pies con su romántico coqueteo. Nada de cursilerías, o inventos tontos. Era pasión. Era como versos escritos a flor de piel para aquellas personas que viven las letras como historias personales.

Se me olvidó una parte, lo sé. El siempre pedía un deseo a la luna, porque era la estrella más brillante la cual su resplandor observaba en el brillo de sus propios ojos, ese deseo tenía 1 palabra y era: VERLA. Sí, me quería ver. Por otra parte, yo contaba las estrellas y el número de estrellas era la cantidad de palabras que iba a tener mi deseo. En fin, solo queríamos estar juntos.

Retomando a la historia, les contaré como fue ese día:
Llegamos a encontrarnos, me llevó a su casa. Sabía muy bien cuales eran sus intenciones. Caminando hacia su apartamento, solo eran risas, coqueteos y sonrisas pícaras. Sacó sus llaves, abrió la puerta y me invitó a tomar asiento en el sofá de la sala.

Se sentó a mi lado. Me recosté un poco hacia atrás, lo miré y mordí mis labios. El sonrió. Colocó su mano encima de mi pierna. Me giré, y levemente nos fuimos acercando para besarnos. Fue un beso rápido. Como si viniéramos de correr 6 millas y luego nos besáramos. Como adrenalina en el cuerpo. Latidos sobre latidos. Sonriendo cuando paráramos por centésimas de segundos, y luego, seguir besándonos. Quité su mano de mi pierna, las agarré con mis manos, las puse a cada lado de su torso. Me senté encima de el y me acerqué lentamente. Pecho con pecho. Respiración cada vez más acelerada.
-¿Vamos a tu cuarto?

El, sin más preámbulo, me tomó en la misma posición que estaba y me llevó a su recámara. Me bajó levemente en su cama, me quité la pollina del rostro, el se sentó a mi lado. Me quité mis zapatos. Le sonreí. Pasé su mano por su abdomen, subí por su cuello, toqué sus mejillas y me detuve. El apoyó su cara en mi mano. Cerró los ojos. Fui bajando mi mano hasta la almohada, junto a el. Estaba acostado, sobre esa cama tan sutil como su piel. Abrió los ojos. Quería besarlo hasta no poder más. Su mano me sujetó la cintura fuerte. Quise acostarme nuevamente encima de el. Lo hice. Sus manos estaban sobre mi espalda. Las mías, haciendo presión sobre su almohada.

Quiero que sea diferente, quiero que coquetees con tu cuerpo, con tus gestos, con tus palabras… que sea yo la que no quiera nada, que no deba dejarme besar, que solo me deje tocar cuando tus manos estén en las zonas más sencibles de mi cuerpo, que me dejes marcas en mis labios, que descargues las ganas que me tenías guardadas durante mucho tiempo. Si, pienso en voz alta. Quizás suene fastidioso el hecho de que diga cada acción, cada pensamiento o cada deseo que quiera, como todo esto. Pero, recuerda que esta es mi historia, y que por primera vez, quisiera ser yo la muñeca de trapo con quien quiera jugar este sutil caballero. Me quedaré callada, mis manos estarán atrás de mi nuca, ahora, ¿como empezarás tu juego para enamorarme esta noche?

12 marzo, 2012

¿Qué más da si lees mi desesperación por seducirte?

¿Qué más da... aquellos besos en la noche, cuando me di cuenta que los tenías preparado para mi cuerpo?
¿Qué más da... aquellos brazos sobre el cuerpo? Si, mi cuerpo.
¿Qué más da... ese silencio incómodo cuando terminaron las caricias?
¿Qué más da... aquellas noches sin luna porque yo ya no te sonreía? Si, mi sonrisa a otro ser le pertenecía.

¿Qué más da mi cabello? Si no te tengo para que lo despeines.
¿Qué más da del aire? Si no te tengo para respirar.
¿Qué más da de mi vida? Si tu no estás en la mía.
¿Qué más da... aquellas ganas de tocar tu cuerpo?
¿Qué más da... esas películas de amor? Nunca podré tener una historia como esas si tu no estás conmigo.

¿Qué más da ponerme ropa apretada? Llamo tu atención pero veo que tengo que ser más llamativa.
¿Qué más da tener una obseción con el lápiz labial? No tengo tu espalda para marcarla con el roce de mis labios.
¿Qué más da.. ponerme tacones altos?

¿Qué más da tener unos ojos claros? Lo importante es la mirada y la tuya habla por sí sola.
¿Qué más da fumar? Tengo entre mis manos el cigarro pero quisiera apoyarlas sobre tu pecho.
¿Qué más da seguir escribiendo cosas que quiero conseguir? Si al final yo me quedo en mi cuarto con mi osito de felpa mientras tu caminas por la calle buscando el físico perfecto.

12 febrero, 2012

Me voy en el silencio.

Verte fijamente a los ojos y admirar mi reflejo en tus pupilas. Abrazarte como si fuese la última vez en que fuéramos a tener nuestra piel tan cerca. Besarte a tal manera de pensar en que no existe noción del tiempo, en que se detuvo para nosotros. Buscar la posición más cómoda en tu pecho para escuchar tus latidos al compás de tu respiración.

Suspirar por cada lágrima de felicidad que derramé por tí y contigo. Sentir el roce de tus manos en mis mejillas cuando solo lloraba por cosas estúpidas. Detallar cada palabra que me transmitía tu mirada para decirme "todo está bien". Cambiar el tema y rápidamente hacerme tener una sonrisa en mi cara.

Pasar tu mano con delicadeza por mi cuerpo, hacerme cosquillas hasta no parar de reír. Morder tu pecho, observar tu reacción y que fueses directo a besarme. Tomar tu mano y ponerla junto a la mía. Ir directo a tu cuello para acercarme a tu oído y decirte "te amo".

Escuchar tus "buenos días" o "buenas noches" cada día. Tener la rutina de escribirte en cualquier momento. Componer una obra del futuro con tu vida y la mía. Mirarnos dentro de uno, ser una sola persona con dos almas. Dormir con una sonrisa y despertar con una más grande al saber que todavía te tengo en mi vida.

Ser el tema de conversación entre mis amigos. Demostrarte todo lo que siento. Dibujar puentes si nos encontramos lejos, querer alcanzar nuestros corazones para que no se separen nunca. Saber que si caigo, tus manos estarán ahí para sostenerme. Sentir una energía que te acelera el corazón al verte.

Sí...

Sí, sí y sí... con acento, sin pausa, con anhelos, con causas.
Porque mejor me voy en silencio, me trago las lágrimas que me quedan y trazo una sonrisa en mi rostro, como mujer madura que debo ser. Disculpa si suena rudo, pero, las ataduras del pasado todavía las tengo presentes en mi vida, sin embargo, sé que algún día cuando me enoje las cortaré.

Que te amo es un hecho, y no se va a borrar tan fácil como borraste mi felicidad.