Jorge Luis Borges:
"De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria."
Billy Wilder:
"La televisión no ha podido acabar con el cine porque la gente quiere estar allí, quieren ser los primeros, quieren oír las risas de otras personas."
Théophile Gautier:
"Una de las glorias de la civilización sería el haber mejorado la suerte de los animales."
John Lennon:
"Algunos están dispuestos a cualquier cosa, menos a vivir aquí y ahora."
Woody Allen:
"El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores."
Menandro de Atenas:
"No es vergonzoso nacer pobre, lo es el llegar a serlo por acciones torpes."
Adolf Hitler:
"Sólo se combate por lo que se ama; solo se ama lo que se estima, y para estimar es necesario al menos conocer."
Gustavo Adolfo Bécquer:
"El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada."
Marilyn Monroe:
"Era consciente de que pertenecía al público, pero no por mi físico o por mi belleza, sino porque nunca antes había pertenecido a nadie."
30 junio, 2013
Yo soy la voz.
27 junio, 2013
Verónica.
25 junio, 2013
¡Clic!
24 junio, 2013
Celos.
23 junio, 2013
Te quiero, pero de una forma extraña.
Podemos compartir un café o mi habitación. Te invito una cena y luego te dejo mis sueños de postre. Podemos intentarlo o podemos pasar por desapercibido. Ante todo dejando un atardecer de souvenir para recordar el día que pudo ser y resumir una vida.
No quería quererte como te quiero. No quería sufrir tus silencios. No quería bombardear mi corazón con anhelos de tus besos. No quería buscar tu mirada en mis versos. Me viniste sonriendo, me viniste seduciendo... te quiero. Que no mientan tus palabras que tus ojos no mintieron. Que sé que tú me quieres igual, pero estás lejos de reconocer eso.
07 junio, 2013
Tinieblas.
Grandes árboles se extendían frente a sus ojos, las copas de los arboles frondosas, no permitían entrar la vital calidez de aquellos rayos de luz. El único morador de ese paraje era una gruesa penumbra de donde sólo, apenas, se logra resaltar los troncos viejos y desgastados, extendiéndose por el área un manto grueso de hojas. De apoco la angustia, el pánico, y un frío siniestro empezó apoderarse de él… ¡desesperación! Ante tal escenario, se le vino a la memoria flechazos de imágenes, de la cual resaltaba un traje y un sendero. Nada tenía sentido.
Sintió hambre, por lo que buscó entre sus pantalones. Sus bolsillos estaban vacíos, sólo un envoltorio de un dulce. Decidió revisar su chaqueta, era la de moda de esos momentos, la que todos los niños usaban, café con franjas rojas blanca y azules donde encontró una mitad de barra de chocolate y un papel arrugado. Aquel papel arrugado le dio miedo, como si algo le advirtiese, que no lo abriese, pero algo lo impulsó... una fuerza extraña, algo que lo manipulaba. Lo empezó a desdoblar con cierto temor.
Era un dibujo, un boceto de una bizarra figura huesudas, y de largas extremidades cubiertas por unas especie de pellejo seco, pero lo que más le inquieto al muchacho fue el rostro de aquel ser y sus ojos, entonces debajo de ese extraño ser había una palabra… "¡corre!". El muchacho se alarmó y empezó a caminar a la deriva, sin rumbo. Solo sentía algo, como una presencia que lo observaba y lo presentía. El terror se apodero aún más de él, de lo que un alma mortal pueda soportar.
Empezó a correr. Con cada pisada, hería sus pies descalzos, pequeños cortes y magulladuras empezaban aflorar por las ramas de los árboles, su rostro y sus manos sangraban al abrirse paso sobre aquella tupida vegetación, áspera y dura, el muchacho sentía como si la naturaleza jugara con él, como si la penumbra nublara sus ojos y los envolviera, como si estuviera divirtiéndose, como si lo disfrutara. El silencio hondo del bosque lo ahogaba, solo los grillos y búhos rasgaban aquella penumbra, rompían aquel sepultario silencio.
Atrás suyo crujieron unas hojas, giró, creyó a ver oído algo, solo vio oscuridad, hasta que pudo divisar un especie de silueta, oculta, dentro del espesor de los arboles. El muchacho palideció pues no sabía bien lo que veía, pero lo único que se le vino a su mente fue la palabra "corre" escrita en ese papel. Sé movió rápido, tan rápido como su pequeño cuerpo permitía, sus músculos, se extendía y contraían, se tensionaban con el movimiento rápido y bruscos de sus manos. Lágrimas brotaron de sus ojos, el cansancio se hizo sentir seguido de unas fuerzas inútiles que poco a poco lo abandonaban.
Poco a poco le iba quitando energía, le succionaba de a poco, ¡le bebía la vida! Miró de nuevo hacia aquella silueta, no estaba, pensó que tal vez hubiera sido su imaginación así que intentó calmarse y descansar un poco. De pronto, se paralizó.
Un frío le recorrió desde sus pies a la cabeza, le entró miedo, ese miedo cuando sabes que vas a morir... ese terror, ese pavor que te hace tiritar y te hiela la piel y la sangre, hasta el tuétano de los huesos, como si miles de agujas se enterraran en tu carne. Quiso correr, pero las fuerzas le fallaron, sus piernas se doblaron, empezó a caer mientras una silueta alargada, una sombra proveniente de los más oscuros sueños, se iba acercando y lo iba cubriendo. Sus ojos pesaban hasta que aquella sombra lo envolvió… Simplemente aquél día los habitantes del pueblo, no recuerdan una noche tan tranquila ni una luna tan grande como esa.
06 junio, 2013
Amar te cambia.
Aún así tu no haces caso y sigues intentando y sigues con esa tonta idea en tu cabeza, y sigues, y sigues, y sigues… Sufres, tu solita. Sabes que puedes sacarlo de tu mente si en serio lo quieres, el problema es que tu no quieres dejarlo ir. Tienes un poco de esperanza, a que algo va a cambiar y que va a ser lo mismo otra vez.
Pero dentro de todo ese sentimiento también tocas fondo y cuestionas todo lo que paso, “¿para qué me habló? Tal vez sólo quería mi amistad, fue para lucirse, ¿qué hice mal? Obviamente no iba funcionar, etc...” lo que sigue es una depresión enorme capaz de torturarte lo suficiente como para dejar que lo que sientes se pueda notar, ahora todos lo saben: está triste. Quieras o no, eso te cambia, tu personalidad se va escapando de tus manos poco a poco y eso es algo que no puedes controlar por el simple hecho de querer. Amar, duele y te cambia, pero más que todo hace que se vaya tu brillo, resulta más drástico con aquellos que tenemos muy poco.
21 abril, 2013
Somos una ruta por seguir explorando.
18 abril, 2013
Me declaro viva.
ser humano,
perceptiva y combativa.
Vivo porque así lo creo,
porque así lo siento
y así lo quiero.
Humano
por imperfecto.
Perceptiva
como sistema social único
y colectivo,
perceptiva
de todas mis limitaciones,
y combativa de todas mis limitantes.
17 abril, 2013
Óbito de mi propia sangre.
Llego a la salida y camino por las calles: tal vez encuentre algún cliente, pero no, nada. Las luces apenas iluminan la calle, camino y camino sin rumbo, de repente, me encuentro frente a ese lugar. Me dejo influir por aquel odio que recorría todo mi cuerpo, cada parte de mi, hasta el mas recóndito lugar de mi asqueroso cuerpo. Puedo ver mi reflejo en un charco de agua sucia a causa de la lluvia de hace una horas: el rímel corrido y unas ojeras visibles, mis labios rojos y uno de mis ojos morados, cortesía del cliente anterior. Entonces sonrió: una sonrisa llena de odio, coraje y resentimiento contra todos. Cada persona que me hizo daño lo pagaría. Tallo mi boca haciendo que el rojo se corriera más allá de mis labios. Me acerco a la puerta de aquella horripilante casa, levanto el tapete de bienvenida y me encuentro con la llave.
—Siempre tan idiotas. —pienso.
Meto la llave en la perilla y abro con cuidado, frente a mí hay un cuadro con la nueva familia de él: una esposa, una niña y él, todos sonriendo.
—Maldito bastardo, si supiera lo que le espera.
Camino a la cocina, observando cada detalle de la casa, una chimenea que me mantenía caliente en las noches de invierno, recuerdo. Frente una pequeña mesa, como en la que hacía mis tareas mientras mi madre preparaba un rico chocolate y unas galletas de mantequilla, pero todo ese paraíso que tenía de pequeña lo destruía él cuando llegaba, con una mujer a su lado, ambos ebrios y con botellas en las manos, subían las escaleras y solo alcanzaba a oír unos cuantos gemidos: porque mi madre me cubría los oídos con sus manos mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. En ese momento sentí por primera vez el odio, el odio hacía ese hombre y hacia esa mujer, y todas las que vinieron por delante. Y no entiendo cómo terminé convirtiéndome en lo que más odio.
Entro a la cocina, observo el refrigerador lleno de fotografías y dibujos pegados. Sonrisas por doquier y durante un segundo siento pena por él: por lo que les voy hacer. Pero se esfuma esa pizca de pena y el odio la remplaza rápidamente.
—¿A caso el sintió pena por mi madre alguna vez? ¿Por mi? Jamas le dí pena mientras me acaricia bajo mi ropa. ¿Por qué tendría que tener pena yo?
Un cuchillo largo me llama la atención, lo tomo y juego con él, la punta en uno de mis dedos hace que salga una gota pequeña de sangre y se que la mirada se me ilumina. Lo tomo por el mango y subo las escaleras sin hacer ruido alguno. Mientras subo, paso la hojilla por las paredes, haciendo algunas marcas, sigo caminando doblando a la izquierda y al llegar a la planta de arriba entro al cuarto que antiguamente ocupaba mi madre con ese cerdo, cierro la puerta despacio y lo veo removerse bajo las sábanas, a su lado está una mujer cubierta hasta la cintura, puedo ver su brasier rojo entre la oscuridad, su cabello negro revuelto entre la almohada. Me acerco a ella y el odio tan fuerte me produce un tic en el ojo derecho, el que no estaba morado. La reconozco enseguida, sé quién es. Me aguanto el impulso de atravesar su pecho en el cuchillo: no, queremos verla sufrir, ¿no es cierto? Recuerdo la vez que entró por esa puerta, ella tomaba la mano de él, ambos reían tontamente, ese día mi madre no estaba en casa, y fue el peor día de mi vida. Él me tomó la mano y me subió a mi cuarto, ella iba tras de él, riendo y apoyándolo. No sabía que pasaba, pero unos segundos después lo comprendí, lo comprendí en cuanto el subió mi vestido verde y me tumbaba en la cama, mientras ella reía y soltaba unos cuantos "continua". Pataleé y supliqué que me dejara, que me soltara y no le diría a mi madre, pero no le importo, no le importo a él, ni a ella y unos minutos después, un dolor desgarrador cubrió mi cuerpo…
Camino hacia él, ahora, y lo veo seguir removiéndose en su lugar. Pongo el cuchillo en su estómago y hago una ligera presión y él abre los ojos, sus ojos azules se dilatan y con sus manos se apoya hacía atrás, creí que por el movimiento ella despertaría, pero no lo hizo.
—Atrévete a gritar, y te rebano aquí mismo. —lo amenazo. Me gusta la naturalidad con la que salen esas palabras.
—¿Qui…quién eres? —pregunta aterrado.
—¿Ahora no me recuerdas? —mi ironía lo hace temblar, lo puedo ver. Juego con el cuchillo y él me mira fijamente, aún temblando, aún sudando.
—N…no.
La rabia me consume y me acerco a su cuello con fuerza, el cuchillo roza con su mejilla y aún me parece extraño que la zorra que esta a su lado no despierte.
—¿No recuerdas las veces que golpeabas a mi madre? ¿Las veces que me acariciabas, cerdo? —digo mientras aprieto aún más su cuello y veo el terror en sus ojos.
—A..A..¿Angie? —a penas y puede contestar. Aflojo un poco y lo veo respirar con dificultad—. ¡Angie! —susurró. Lo suelto y me mira aterrado.
—¿Qué me harás? —pregunta con voz clara.
—Lo que tu me hiciste muchos años… Sufrir, pero yo lo haré hasta matarte. —le respondo. Él cierra los ojos y solloza, suspira y lo siento abalanzarse contra mi, o próximo que oigo es un gemido y siento mi cuchillo atravesar algo, su cuerpo. Me asusto durante un momento, pero me lleno de adrenalina y quiero acuchillarlo de nuevo, una y otra vez, hasta que no pueda más, hasta que no quede mas de él. El movimiento de la cama hace que ella despierte, pregunta por él y se sienta en la cama y solo veo sus ojos aterrados viéndolo tirado en el piso y luego a mi, y al final al cuchillo manchado de sangre.
—Acércate, y atravieso su cuello ¿entendido?
Sus lágrimas corren por sus mejillas. Observo la habitación rápidamente, en busca de algo con que la pueda amarrar y lo encuentro: unas esposas en una cómoda.
—¿Para qué las usan? ¿Eh? Sexo tal vez. —mi voz es burlona y las tomo, me acerco a ella y ella por un momento se resiste.
—Quieres que te corte que cuello, ¿ahora?
Ella deja de pelar y agacha la cabeza, sollozando aún. Le pongo una de las esposas y la otra la ato a un barandal de la cama. Me acerco a él de nuevo, se retuerce del dolor en el piso, manchas de sangre a su lado, me agacho pero él no me mira.
—Te haré sufrir… pero primero sufrirá ella.
—Estás loca. —lo oigo susurrar, pero no me importa. Camino hacia ella con la cabeza ligeramente inclinada, observándola.
—Por…Por favor no…No me hagas na…Nada. —suplica, y yo río. Me acerco a ella y clavo el cuchillo en su estomago con fuerza. La sangre recorre su cuerpo. Ella se arquea y gime del dolor, mientras con su mano toca su herida y también se la mancha de ese liquido rojo.
—El rojo queda con tu basier. —me burlo de ella y la impaciencia me gana—. Esto se puso lento. —digo y entierro el cuchillo en su pecho, ella lanza un último gemido antes de caer.
Doy unos pequeño saltitos y camino hacia él de nuevo. Me mira aterrado, con repulsión y con odio.
—Eres un monstruo. —me dice jadeante.
—Algo tuve que sacar de ti, ¿no es cierto?
Tomo un pañuelo gris de la cómoda y lo ato en su boca.
—Al fin y al cabo, eres mi padre. —le expongo mientras que con fuerza entierro el afilado cuchillo en el centro de su mano izquierda, él suelta un grito, pero se pierde entre el pañuelo.
—Es verdad lo de la venganza: es dulce, y divertida. —sonrío.
Con el cuchillo hago un corte largo: de la boca hacia su ojo izquierdo, la sangre brota y las lágrimas corren por las mejillas. Sus ojos muestran dolor, como el que yo alguna vez sentí a causa de el.
—¡¿No te gusta verdad?! —le grito, pero no tan fuerte como para que despierte la pequeña. Él niega con la cabeza, y aunque no pueda hablar, sé que suplica.
—A ti nunca te importo todas las veces que te supliqué, que suplico mi madre para que la dejaras de golpear. ¿Por qué habría de importarme a mi?
El odio vuelve y de repente, me encontré apuñalando su cuerpo una y otra vez, tantas veces como podía hasta que quede exhausta. Por su cuerpo corrían chorros de sangre. Un charco de sangre lo cubría, y de él no salia ningún respiro. Rasco mi nuca con cansancio y salgo por la puerta aún con el cuchillo en la mano y mi ropa llena de sangre. Camino por las escaleras y veo otra foto de la familia, todos sonriendo y, por alguna razón la sonrisa de la pequeña me recuerda a la mía, la que le mostraba a mi madre cada vez que se acostaba conmigo las noches que no podía dormir y me tarareaba una canción. Salgo de la puerta dejando a la niña en paz, se que estará mejor si ellos. Son unos monstruos. Camino de nuevo por la calle, no sabía que hora era, pero aún era de madrugada. Un auto pasa y se estaciona a mi lado, sé lo que busca, sé lo que quiere. Así que me subo en la parte trasera de lado del piloto y beso su cuello lentamente, mientras guardo el cuchillo debajo de los asientos esperando ansiosamente, usarlo de nuevo.
15 abril, 2013
Depresión Post-Electoral.
No hay impotencia más grande que la que ver y saber como mi familia va a seguir viviendo miserablemente entre la escasez; tanto de alimentos como de seguridad y trabajo.
No hay impotencia más grande que la que ver como a los niños se le cierran tantas puertas, puertas que le brindan la posibilidad de progresar en la vida. Como a los jóvenes se les cierras tantos horizontes y posibilidades para una mejor calidad de vida
No hay impotencia más grande que la que siente un Venezolano al saber que se puede tener algo mejor, que se puede vivir mejor. Que ese país que todos soñamos sí se puede obtener, sí se puede tener un país en donde la noticia más importante gira alrededor de otro aire.
Me duele la impotencia. Me duele, me duele porque soy Venezolana. Y así viviera al otro lado del océano me seguiría doliendo porque pagan mis hermanos, mi familia, mis amigos, porque soñaría todas las noches con ese avión que me devuelve a mi tierra natal. Ese avión que me reúne con todo esa gente a la que amo y extraño cada día mas.
Sueño con mi país lleno de posibilidades y nuevos horizontes.
Sueño con un país lleno de paz.
Sueño con leer un periódico lleno de buenas noticias y no uno en donde en todos los encabezados se huele la sangre y el hierro de homicidios y catástrofes de secuestros.
Que impotencia es ver como la gente mediocre, descarada, conformista, hipócrita, egoísta, llena de insaciable poder va acabando lentamente con la vida de mas de 28 mil personas; personas que vienen de una misma madre, de mi madre. Una madre que se llama Venezuela.
13 abril, 2013
Un diario, un escrito, un desahogo.
¿Cómo acabas con algo que te lastima desde tus más profundas y enterradas debilidades? No estoy triste, pero tengo miedo. Tengo miedo y no soporto el millón de cosas que se unen para descontrolarme más. Tengo miedo a muchas cosas. Tengo miedo al futuro, a siempre tener miedo. Quisiera ser valiente en casi todos los días, pero no, es imposible y no sé cómo hacerlo. Y quisiera salir y gritar, encontrar a alguien con quién hablar sin miedo a sentirme tan patética como yo misma soy. Tal vez por eso extraño tanto a las personas que me brindaron eso alguna vez. No extraño el cariño, extraño poder expresarme, darme a entender, extraño no tener que callarme todo lo que me atormenta. Pero todo se va, y me da miedo un día despertar y darme cuenta de todo lo que perdí por culpa del miedo.
Es extraño y me siento débil. Es lo que más odio. Odio la cobardía porque yo soy cobarde. Odio sentirme sola a pesar de me gusta estar sola. La vida está llena de contradicciones y no sé qué pensar. Ya no puedo ni pensar. Encuentro verdadero lo que dicen de que si tienes equilibrio mental las cosas en el exterior mejoran y se ven más claras y menos terroríficas, pero qué pasa cuando ya no sabes encontrar un equilibrio. Cuando te has quedado sin fuerzas y sin ganas de hacer algo. Es temporal. Todo es temporal y todo cambia, pero hay ese miedo a que las cosas cambien para mal. Que todo empeore, en mi mente y en consecuencia externamente.
Hay miedo y lo tengo porque tal vez ni yo misma me conozca, tal vez no me acepte. El punto es que hoy no tengo ganas de pensar, quisiera hacerme burrito en mis cobijas y no salir nunca. No perder a nadie. No esperar nada. Las expectativas destruyen todo cuando no sabes salir a buscar lo que quieres. Y el punto es ese, saber encontrar lo que quieres y encontrarte a ti mismo en tu mismo interior. Pero es difícil y sigo aprendiendo. Ya ni sé que estoy diciendo porque hoy ni siquiera puedo escribir. Apesta. Todo apesta.
12 abril, 2013
Todo lo bueno tiene un lado sucio.
un buen disco y tu compañía.
Sólo imagínate sentado a mi sala,
el frío entrando por la ventana,
las palabras saliendo de mi boca.
Tú, y el vino que sólo es un testigo de lo que nadie,
además de nosotros necesita saber,
necesita ver.
Tu mano en mi pecho y las mías en tu espalda,
el sofá bajo nosotros sufriendo todas las consecuencias.
La ropa ya no tiene lugar en ésta situación,
y tú, que no estás quieto un minuto
sabes perfectamente qué es lo que debes hacer.
Gritos que oye toda la cuadra,
cosas que sólo me dices a mí.
Tú tocas todo porque todo es tuyo,
y yo todavía no sé como llegamos a estas circunstancias,
y si fue producto del alcohol o no.
Tú haces de mi lo que quieres y yo te dejo,
no quiero que preguntes si quiero,
lo necesito tanto, o más que tú.
Yo sólo quiero más, más de ti.
Las pecas de tu espalda
son todo lo que necesito para seguirte la corriente,
yo también toco todo,
tú dejas que toque todo,
y entonces,
cuando creo que ya no puedo más
todo estalla y la paz inunda la habitación y mi ser,
y nuestros cuerpos como uno solo se quedan ahí,
tan quietos,
perfectamente unidos,
sólo para recordar que todo lo bueno tiene un lado sucio.
Refinado cadáver.
¿Qué piensa alguien a punto de morir?
Depende del personaje, depende del delirio, de la desilusión, depende del creador que manejó su vida como un caleidoscopio. Creo en escritores, personajes e historias. La pluma se mueve y la mente avanza. Una vez que me encontré ahí, dentro de mí, en un mundo que existe pero que nadie deja fluir y que todos ignoran, y una vez ahí pude sentirlo. Sentí la muerte. Los órganos se combinan con la metafísica de la realidad del ser agonizante. Lo pude sentir a pesar de nunca haber vivido una muerte en el mundo material. Sus ojos se cerraron y el dolor se expandió pero, ya no estaba más ahí. Sin importar si había sido un buen o mal personaje, la esencia de la muerte lo llevó a lugar extraño y húmedo. Las lágrimas de aquellos que pierden acaban en ese lugar y aquellos perdidos mueren llegan ahí.
Se bañan en lágrimas y sienten el frío que comienza a avanzar por sus talones y pies. Es una caricia de muerte que endurece cada músculo. La caricia de la muerte que roba el calor, el color; llevándose la vida en un delicado roce. Si duele o no, no lo supe nunca. El cadáver no respondió. El cielo se perdió en su visión escapada y los pájaros volaron y se convirtieron en espejismos de cenizas de cuerpos bañados en lágrimas. El vuelo del ave, la picazón en medio de los ojos. Yo me quedé ahí, dentro de un cascarón aterrador, en un estuche vacío que guardaba con recelo las más preciosas joyas de una actriz famosa vagante entre las tumbas buscando un cofre de plata que ya nunca encontrará.
Colorete rojo, rojo como fuego. Tardé en salir y me quemaron junto con la caja de cristal. Explosión y trozos de vidrios y cristal por el suelo. Si la muerte me acarició aún no lo sé, pero es verdad, es verdad que la muerte de un personaje es la muerte del autor. Tal vez vivimos en ellos, nos combinamos con su sangre y nos instalamos en sus pulmones, nos volvemos pájaros cenizos que les lloraran un baño en aquel cuarto mojado y lejano.
Quería describir una muerte lenta y sólo escribí un cadáver exquisito.
Quería escribir una muerte y me volví mariposa.
Una mariposa la cual le hicieron una autopsia en el infierno.
09 abril, 2013
Todo fluye.
cosas ocurren cuando menos te lo esperas,
que las heridas más profundas
te las provocan las personas
que más quieres,
que aquellas palabras que no deseas escuchar
son de aquellas personas
que nunca pensarías,
que todas las cosas que pasan
en tu alrededor
en algún segundo son
siempre las menos esperadas.
Porque así es como rota todo,
como funcionan las cosas,
así es como te das cuenta de que
el mundo es tan imparcial
y a la vez tan indiferente...
porque finges tan bien
que todo te resbala
para que nadie te vea mal,
para que nadie te vea lastimado,
ni herido,
que a veces te ocultas
en los lugares más rebuscados
y al mismo tiempo
aquellos que son más usados
por almas llenas de heridas
y cicatrices en el interior.
En el interior,
porque es allí donde recae todo,
el dolor,
la tristeza,
la alegría
todas aquellas emociones
que son capaces de llenar
tu cuerpo de vibras
y más vibras,
de emociones
tanto positivas como negativas,
y es así como todo funciona
en un delicado equilibrio,
porque todas las cosas fluyen
y pasan por tu interior,
todo existe dentro de ti
de alguna forma u otra.
31 marzo, 2013
Beber de tu sangre como mi último brebaje.
Escucho aquel silencio que inunda esta habitación,
siento el débil latido de mi corazón.
Aún no sé qué estoy haciendo,
aún no sé si todo está bien,
solo se que en algún rincón de mi habitación
todo esto terminará.
Siento el viento pasar por mi cuerpo
impidiendo la luz tocar mi piel.
El sol me quema,
y trato de que la oscuridad
sea quien guíe mis pasos dentro de esta ciénaga.
¿Alguna vez sentiste algo por mi?
Gritaba entre mis adentros.
Deja de fingir, jamás lo hiciste.
Chillaba hacia las frías paredes de madera.
Siento como todo se entrelaza por dentro
puesto que las estrellas no se pueden comparar con nada de esto.
Al agudizar mis sentidos,
puedo escuchar el leve sonido del mar a lo lejos.
¿Dónde estás? ¿dónde estoy? ¿dónde estamos ahora?
Ni aquí, ni allá, ni en ningún otro sitio.
Todo tiene su tiempo, su proceso.
Aquel dolor que ahora existe,
el día de mañana,
sólo será un mal recuerdo.
Algo que viene, y se va,
algo que se siente
aunque la cicatriz quede impregnada en la piel,
porque las marcas nunca se borran,
siempre perduran.
¿Has visto un ángel llorar o reír?
Quizás no has visto nada de eso
porque sigues cegado ante otras cosas.
¿En qué sitio despertarás mañana?
Quizás lejos de aquí…
Aquellos versos que nunca quisiste escuchar
hoy se los llevará el viento.
Un disparo entre pétalos,
un susurro entre sombras,
una caricia perdida.
Un beso…
Ese beso prohibido…
Ángel de la soledad,
debiste matarme cuando pudiste.
Ahora…
Este ángel ha pasado a su segunda transformación.
Un vampiro,
sedienta,
que buscará tu sangre hasta asesinarte.
Adicta a ti,
adicta a tus recuerdos…
Adicta a destruirte.
29 marzo, 2013
Espectro forastero.
A diferencia del trajín administrativo que colmaba los rincones de cada cubículo, la calma aparente le despertaba un nerviosismo voraz. Todos los días —de ocho de la mañana a cuatro de la tarde— el traqueteo de los teclados, el timbre de los teléfonos, el susurro de los papeles y el peculiar rugido de las impresoras y faxes disfrazaban el silencio, y Laura hubiera preferido mil veces escuchar todo eso al mismo tiempo en lugar de ese horrible silencio que le ahogaba.
—Todo está en la mente —se dijo a sí misma en voz baja, teniendo la impresión que alguien la observaba—. Todo está en la mente.
Ni bien terminó de decirlo la segunda vez cuando escuchó un estruendo en el entrepiso. Atravesó las oficinas rápidamente, curiosa por ver qué había sucedido. Estaba casi segura que ella era la única persona en el edificio. Sus pasos hacían eco y con cada uno de ellos parecía que, lo que fuera —aunque también podía ser su imaginación—, clavaba con más insistencia su atención en ella. De nuevo sintió el cuerpo entumecido cuando bajó las escaleras hacia el entrepiso.
Llegando ahí, las puertas del elevador se abrieron, pero ahí no había nada. No había elevador. No se veían siquiera los cables de este. Solamente un espacio negro, aparentemente vacío, inquietante. Se acercó lentamente y, mientras su cuerpo se movía, su fuego interno le advertía que no debía hacerlo.
—¿Se encuentra bien? ¿Qué pasó? —uno de los guardias había subido tras escuchar el alboroto.
—Sí —respondió sobreponiéndose al sobresalto que le causó el hombre—. No lo sé. Escuché algo y vine a ver. —el rostro del guardia se palideció ligeramente—. Creo que pasó algo con el elevador —dijo apuntando hacia donde se suponía que estuviera.
Él le miró confundido, sin saber qué decir realmente, e hizo lo mismo que ella: apuntó ahí. Laura volvió su mirada, confundida también, y la piel se le puso de gallina al ver la cabina del ascensor en su lugar.
—Señorita —la voz del guardia temblaba—, suba a su piso y no salga de ahí hasta que ya se vaya. Y, haga lo que haga, no mire hacia atrás. En ningún momento, por ningún motivo.
Laura miró fijamente al hombre limitándose a asentir.
—La acompañaré a su cubículo.
Al subir ambos las escaleras, las sombras en las esquinas parecían moverse, ondeándose como si se trataran de un líquido contenido dentro de unos límites invisibles.
—Le recomiendo que se vaya antes de medianoche —fue lo último que dijo el guardia antes de emprender marcha hacia la planta baja.
A Laura le dio la impresión que el hombre caminaba exageradamente rápido, como si contuviera las ganas de echar a correr y se preguntó si no lo habría hecho una vez que ella ya no lo viera.
Suspiró y continuó su trabajo haciendo lo posible por ignorar el efecto del incidente en sus nervios.
—Todo está en la mente —se repitió cuando notaba algo moverse en el pasillo. Se lo repetía las veces que fuera necesario, como si se tratara de un mantra para sosegar la ansiedad que le producía ver movimientos fuera de su rango de visión. A veces cedía al impulso de voltear rápidamente y se sentía aliviada y asustada al no encontrar nada fuera de lo común—. Todo está en la mente, todo está en la mente, todo está en la mente, todo está en la mente.
Respiraba con dificultad, su temor escalaba aceleradamente convirtiéndose en una paranoia alimentada de hechos reales y se alimentaba a sí misma con cada pequeña sombra que se movía en su dirección. «Basta» pensó y se puso de pie tomando su bolso. Laura salió disparada de ahí, superando con creces la manera en la que el guardia lo había hecho. Estando en el entrepiso, contempló la idea de usar el ascensor y este, sin que ella presionara el botón, abrió sus puertas para mostrarle de nuevo esa oscuridad tan espesa y atemorizante. Laura respiró profundamente y se dio la media vuelta para usar mejor las escaleras. Sus pasos, como antes, hacían eco y, conforme descendía escalón por escalón, eran acompañados del eco de otros pasos que no eran los suyos. Un escalofrío que le heló la sangre recorrió su espalda al sentir en su nuca la respiración tibia de alguien. Tragó saliva con dificultad y lentamente giró su cabeza. Al ver lo que estaba ahí detrás de ella, unos fuertes calambres sacudieron sus piernas y subieron lentamente hasta paralizar todo su cuerpo. Laura había volteado. Laura había visto algo. Y lo último que quedó de Laura fue un grito desgarrador.
26 marzo, 2013
Recuerdos, sucesos y secretos.
Le dices cosas que nunca antes le habías dicho a alguien.
Comparten esperanzas para un futuro,
sueños que nunca se harán realidad,
logros que nunca se cumplieron
y muchas decepciones que la vida les dejó.
Cuando algo grandioso pasa no puedes esperar a contárselo,
sabiendo que esa persona compartirá tu emoción.
No te avergüenzas de llorar juntos cuando sufre,
o reír a su lado cuando hace el ridículo.
Nunca lastimas sus sentimientos, sino que le fortaleces
y le muestras las cosas que le hacen especial.
Nunca hay prisa ni celos,
sólo una tranquila calma cuando están cerca el uno del otro.
Puedes ser tú mismo sin preocuparte por lo que piense,
pues te ama por lo que eres.
Las cosas que para la mayoría de la gente pueden ser insignificantes,
-como una carta, canción o caminata-
se vuelven invaluables tesoros que se mantendrán a salvo en tu corazón.
Los recuerdos de tu infancia regresan
y son tan claros que sientes que eres joven de nuevo.
Los colores se ven más brillantes.
La risa forma a ser parte de la vida cotidiana,
donde antes era poco frecuente o no existía en lo absoluto.
Una llamada telefónica siempre te deja una enorme sonrisa en el rostro.
No necesitan de una conversación continua cuando salen,
se contentan con sólo tenerse cerca.
Cosas que nunca antes te interesaron se vuelven fascinantes,
porque sabes que son importantes para esa persona que es especial en tu vida.
Abres tu corazón sabiendo que hay una oportunidad de que sea dañado,
y en la apertura de tu corazón,
experimentas el amor y la alegría que jamás habías creído posible.
Te hallarás tan vulnerable
y comprenderás que esa es la única forma de sentir el verdadero placer.
Sabes que tienes un amigo verdadero y,
posiblemente, un alma gemela, que se quedará contigo hasta el final.
La vida luce completamente diferente y emocionante.
Tu única esperanza y seguridad es saber que la persona por la que tanto esperaste
es parte de tu vida…
23 marzo, 2013
Sin título, sin interés, sin motivos.
Me río al descubrir de qué forma hiciste que cada uno de ellos se convirtieran en una mierda.
13 marzo, 2013
Un pétalo mal tirado.
Al escuchar tal palabra fue obvio, me veo en el reflejo del vidrio y me detallo que no tengo ningún parecido a él.
—¡Cállate de una vez por todas! —pataleaba una voz femenina—. ¡Ya, basta! ¡Sí lo es!
Ella no tenía más ojos más que para él, ¿cómo podría engañarlo con alguien más?
—¿Lo es? ¿Segura? —decía aquel hombre mientras pisaba fuertemente el suelo hasta dirigirse al sofá color café. Se detuvo. Volteó la mirada y observó el rostro empapado de su esposa—. Mía... mía... es hija mía, tengo una hermosa y maldita hija.
¿Podrías dejar ya el sarcasmo? No te molestes en perder el tiempo mintiéndote a ti mismo.
—Dímelo. —dijo la mujer enfrentándose a la bestia que tomaba su botella de Whisky.
Enseguida, mi padre me sorprendió con una nueva palabra que no había escuchado nunca...
—Aborto. —adjuntó el hombre—. Debiste de haberla abortado cuando pudiste.
Mi mamá salió corriendo a mi habitación, abrió la puerta de mi cuarto y lloró. Yo la miraba confundida y no entendí la palabra que había pronunciado mi papá pero no quise preguntarle ya que estaba llorando mucho.
Al día siguiente mientras ella hacía el desayuno...
—Mami, ¿qué es el aborto? —le pregunté.
Ella humedeció sus labios con agua y suspiró.
—Es matar a un bebé cuando está en tu estómago. —me dijo.
Pensé por un momento sobre lo que ella había dicho.
—Mamá... —susurré.
Ella siguió revolviendo el jugo con más fuerza. Se sirve.
—Mamá. —repuse.
Ella apretó los labios y mientras dejaba de tomar su batido de fresa, se estalla entre sus manos el pequeño recipiente de vidrio. El cristal rompe su piel y comienzan a sangrar sus manos.
—Dime. —dice con euforia mientras me mira—. ¿No ves que estoy ocupada?
Mamá, ¿para qué vivo?
—Quiero morir. —dije mirándola fijamente a los ojos—. Papá no me quiere, les arruiné la vida.
No solo porque papá lo dice, sino porque si no hubiese nacido tú hubieses terminado tu carrera como modelo. Mi madre sacó un cuchillo del cajón, se acercó a mí y lo puso en mi cuello.
—¿Es eso lo que quieres? —me gritaba.
—Sí. —respondí, y asentí con la cabeza.
La sangre se me empezó a calentar y mis latidos a descontrolarse. Hazlo mamá, vamos.
—Te amo. —aseguró, mientras lloraba encima de mi sutil melena de cabello castaño. Sus manos ensangrentadas manchaban mi cuello de su fluido rojo, era como una tinta permanente que me hacía recordar lo feliz que fui al tener mi primer peluche el mi quinto cumpleaños. Bajé la cabeza y me dejé ir.
—¡BANG!
Un disparo. Su sonido me aturdió a tal punto que dejé de sentir el objeto punzante sobre mi piel. Todavía mantenía mis ojos cerrados, respiraba profundamente. Las manos de mi madre habían desaparecido, ¿qué pasa? ¿abro los ojos? ¿ya no estoy pisando la Tierra? ¿ahora sí tendré alas y podré volar por la ciudad de noche? Unos brazos gruesos rodearon mi cuerpo y me cargaron. Abrí repentinamente los ojos, tenía frente a mí a mi padre y a sus las lágrimas que corrían por mis mejillas.



